About

Hola!

Me llamo Mara, tengo 33 años y soy feliz.
Comparto aventuras con Albert y vivimos con dos gatos Sophie y Kiwi.

Mi historia

Nací en Valencia en el año 1985 y siempre he vivido cerca del mar.

Me encanta bailar, las galletas de todo tipo, los libros, andar descalza, viajar, y los atardeceres rosas.

No como animales. No me gusta pasar frío, ni las faltas de respeto.

Soy amable, empática, responsable y algo exigente.
Me considero tranquila, observadora, cariñosa y aveces un poco enfadica (lo sigo trabajando).

Creo en la unión de todo el universo.
Creo en la naturaleza.
Confío en que estamos exactamente siempre en el lugar donde tenemos que estar.
Creo en el amor y en la intuición.

Lo que he aprendido

Desde bien pequeña haciendo gimnasia rítmica aprendí a mover mi cuerpo, a trabajarlo y estirarlo. Aprendí disciplina y a esforzarme para conseguir objetivos.

Después de varias lesiones y una escoliosis bastante grande, aprendí que todo por lo yo me había esforzado se había esfumado. Aprendí a llenar mi vida con otras actividades y que el cuerpo hay trabajarlo, pero bien.

Estudie Arquitectura técnica, disfruté mucho de esa etapa y me di cuenta que con 18 años es muy difícil saber a que te quieres dedicar.

Empecé a estudiar ballet y me di cuenta que a través del movimiento me sentía yo. Aprendí a conectar con mi rincón más sincero y verdadero, a conectar y controlar mi cuerpo. Y con el tiempo sentí que esa exigencia que tenía el ballet y conectaba con la que había vivido en gimnasia no me venía bien.

Aprendí que aunque muchas parejas se divorciaban, cuando lo hicieron mis padres fue mucho más duro de lo que había podido imaginar.

Estudie Arquitectura y descubrí que había una parte dentro de mi creativa, que la sociedad había querido tapar, y que me gustaba mucho. También aprendí que no quería pasarme la vida delante de un ordenador.

Aprendí que cuando el amor duele hay que dejarlo ir y que otras no es ni siquiera amor.

Trabajé hasta obtener un puesto de trabajo de responsabilidad en una empresa que a priori me parecía ideal, doce horas al día, viajando todas las semanas, con todo el reconocimiento de la sociedad.

Después de que mi vida se rompiera un par de veces, empecé a aprender sobre mí.

Aprendí que mi exigencia a veces no me venía bien.
Aprendí a poner límites, a construir la puerta de mi casa para decidir quien quería que pasara.
Aprendí a que yo era una de las personas más importantes de mi vida.
Aprendí a escucharme y permitirme ser y hacer.
Aprendí a perdonar y sanar.
Aprendí incluso que no necesitaba que nadie cuidara de mi porque yo lo podía hacer muy bien.
Aprendí y sigo aprendiendo sobre mis miedos.

En 2017 viaje a Bali dos meses para estudiar yoga y a día de hoy sigo decidiendo como quiero que sea mi casa y construyéndola con amor.